Anne Jacobs

Plaza & Janes

622 páginas

La joven huérfana Marie entra a trabajar como ayudante de cocina en la mansión de los Melzer, una familia con dos hijas y un hijo, todos solteros en edad casadera. A pesar de su rápido ascenso a doncella, la diferencia de clases sociales marca un abismo entre ella y el chico del que se ha enamorado. Marie vivirá un amor (¿imposible?) entre dos mundos llenos de secretos e intrigas: el del servicio, con su propia jerarquía; y el de los señores. La mayor parte de la historia transcurre en Alemania, entre la mansión y la fábrica de telas, aunque también hay algún capítulo en el París de las artes que, para mi gusto, enriquece bastante la historia.

En general, La villa de las telas me gustó mucho, a pesar de que me costó unas cien páginas engancharme de verdad a esta lectura. Al principio me parecía todo demasiado cliché y no acababa de acostumbrarme a la voz del narrador. Tampoco había ningún personaje que me llamase especialmente la atención. Le empecé a coger el gusto a la historia cuando Paul regresa de Munich y me enganché de verdad cuando apareció el personaje de Alfons Bräuer (que me recordó de lejos, salvando las distancias, al Dr. Brown de Como agua para chocolate, que es uno de mis personajes secundarios preferidos de todos los tiempos). Me ha encantado leer esta novela porque ha sido entretenida y amena. Es una lectura agradable y recomendable.