Margaret Atwood

Ed. Salamandra

412 páginas

“Si humedeces el borde de un vaso y pasas el dedo por él, se produce un sonido. Así es como me siento: como ese sonido. Como la palabra “añicos”. Quiero estar con alguien.”

La protagonista de esta distopía, Defred, tiene la misión de procrear un hijo para un alto cargo del régimen dictatorial teocrático de la República de Gilead. Separada a la fuerza de su familia, el régimen le ha quitado todo y la ha convertido en un objeto. El modelo de sociedad que se plantea en esta novela gira en torno a un modo paradójicamente puritano de entender la religión como instrumento para favorecer las necesidades de los poderosos.

Con una prosa magistral, este libro me ha resultado una lectura muy inquietante. Te deja un montón de interrogantes que empiezan por “¿Hasta qué punto el ser humano podría…?” Genera interesantes reflexiones sobre temas como el poder sobre las mentes, la religión usada para fines negativos, el desarraigo como forma de manipulación, la indefensión ante la tiranía, la fragilidad de los derechos que creemos consolidados, la fuerza del instinto de conservación de la especie y, por supuesto, el valor de la libertad de pensamiento.